Historia del municipio Ciego de Ávila

La ciudad de Ciego de Ávila es la cabecera del municipio por su nombre. A esta ciudad se le documenta de haber sido fundada en 1840 en terrenos del hato de su denominación con el título, o bajo la advocación de San Eugenio de la Palma. Sin embargo, sus cimientos fueron echados mucho antes.
El hato de Santa Eugenia de la Palma, junto con el realengo Las Altamiras y los hatos de Ciego de la Virgen y Jicotea fueron delimitados en 1558. Después se mercedaron otros hatos, entre ellos el de Ciego de Ávila en 1577. El origen del nombre de Ciego de Ávila se relaciona con su colonización española. En aquellos tiempos se le refería por “ciego” a un terreno que fuera llano rodeado (obstruido o tapiado) por bosques. Y se dice que Ávila era el nombre de uno de los colonos, aunque no se determina con exactitud quien fue o el papel que desempeñó en la colonización de la región.

Con el transcurso de los años, realmente de los siglos, la fertilidad de la tierra permitió que la zona se fuera poblando y prosperando. La localidad que después llegaría a ser Ciego de Ávila en particular, beneficiándose de encontrarse en el camino por tierra de La Habana a Santiago.
Al principio este camino no era muy transitado, pero era mantenido para facilitar que el agente de Correos pudiera transitarlo dos veces al mes, una en cada dirección. Con el mejoramiento de las comunicaciones fueron mejorando tal camino eventualmente llegó a ser el patrón para otras vías.

En el año de la fundación de la ciudad, 11840, se edificaron las primeras viviendas que fueron ocupadas por 263 habitantes. Situada en terreno arenoso y bajo, rodeada de sabana por doquier y potreros. En 1860 contaba su población con 310 personas, lo cual suponía un aumento sobre el censo de 1841 , que le asignaba 263 vecinos y sobre el cuadro estadístico de 1846, que señala 242. En 1852 tenía 6 casas de tabla y 32 de materiales inferiores, con varias tiendas y un total de 262 habitantes.

Ciego de Ávila llegó a ser una ciudad dinámica y afluente. En ella se hallaban armonizados y juntos el progreso agrícola, ganadero e industrial, a la par de ellos el económico. Se roturaban campos para las siembras y se introducían industrias, siendo considerablemente alto el nivel de vida que disfrutaban sus ciudadanos. En esta ciudad había buenos y modernos edificios públicos, buenos parques y paseos urbanos, hoteles, fábricas de mosaicos, hielo, dulces, fundiciones de metales, central eléctrico y manufacturas importantes de ebanistería, zapatería y talabartería. Era un centro importante de comunicaciones por ferrocarril y por ella pasa la Carretera central.

El 8 de noviembre de 1868 en la finca Las piedras, los avileños se levantaron en armas contra el régimen colonial español. Se destacaron en esta lucha, los hermanos José Marcial y Felipe Gomez Cardoso constituidos en símbolos de la historia avileña. Otras figuras pusieron en alto el coraje mambí: el brigadier Juan velozo.